Hace más de 10 años que mi muñeca dejó de vestir reloj; el móvil ya me daba la hora cuando necesitaba saberla y, de rebote, prescindía de la molestia que me suponía llevarlo, porque las joyas y los complementos siempre han tendido a hacerme estorbo. En el transcurso de esta década nunca la he echado de menos. Hasta ahora.

Como no podía ser de otra manera, mi afición tecnológica hizo que pasara unos meses valorando la posibilidad de probar un SmartWatch, también conocido por reloj inteligente. Todos los que veía eran desorbitadamente grandes para mi escuálida muñeca, hasta que encontré uno que no era demasiado desproporcionado: Gear Neo 2 de Samsung. Inmediatamente, mi entorno se metió de mi nueva adquisición, pero yo no tardé en descubrir que aquel artilugio podía ser una ayuda en según qué situaciones.

Para los que no están familiarizados con estos utensilios, os resumiré brevemente de qué son capaces: están conectados por bluetooth con el móvil y, además de dar la hora, permiten responder una llamada hablando a su minúsculo micrófono y escuchando el interlocutor gracias a el altavoz integrado; muestran notificaciones de whatsapp, e-mail, calendario, facebook, twitter, etc; hacen las funciones de pulsómetro, contador de pasos, cronómetro y control del sueño; almacena la música que quieres para transmitirla a unos auricular bluetooth; algunos incorporan cámara de fotos o permiten monitorizar la del móvil; y otras funciones dependiendo de las aplicaciones que descargues dependiendo del sisteme operativo que integren.

Ahora os preguntaréis: vale la pena invertir los 120 € que pagué? Pues para mí, sí. Me ha servido de ayuda en situaciones tan diversas como: contestar una llamada con las manos sucias o mojadas mientras estaba cocinando; decidir si valía la pena o no coger el móvil ante la notificación de un SMS, un correo o un mensaje de whatsapp; descartar una llamada entrante en medio de una reunión y respondió con un texto predeterminado (estoy reunido, te llamaré más tarde, estoy conduciendo, etc); hacer un selfie de grupo sin cortar nadie porque veía por el reloj del encuadre que estaba haciendo la cámara del móvil; incluso cambiar de canal de la TV con el reloj si se me habían acabado las pilas del mando original o saber la velocidad a la que golpeo la pelota en mis entrenamientos de tenis.

De acuerdo, esta última sí es una frikada, pero es una muestra de las aplicaciones de los sensores de estos minúsculos ingenios. Pero es cuestión de tiempo que los relojes permitan abrir la puerta de casa o del parking mediante un código (como ya ha anunciado Apple), controlar o medir otros parámetros relacionados con la salud o guiar personas ciegas, por ejemplo.

Si tienes interés por los precios, que sepas que los de las marcas tradicionales suben desde los 100 y pico hasta los 350 €. Pero cada vez aparecen en el mercado (de internet) más modelos chinos que por 30, 40 o 50 € ofrecen las mismas prestaciones. Eso sí, tendrás que arriesgarte a que tenga una duración incierta.

Conclusión: quien no es friki es porque no quiere! Eh, pero friki con recursos!